Fe

Me despierto a las tres de la madrugada desde que él murió

Las tres y once. Las tres y cuarto. Las tres menos algo, casi siempre. Abres los ojos en la oscuridad y ya sabes lo que va a pasar antes de que pase: el silencio de la casa se hace más grande, y dentro de ese silencio, él. Su ausencia no llega poco a poco, llega de golpe, como si te hubiera estado esperando despierta para presentarse.

No eres tú la única que se despierta a esa hora. No sé por qué es esa y no otra, pero a mí también me pasaba, y a varias mujeres que han pasado por este valle les pasa igual: las tres de la madrugada. La hora en que el mundo entero parece dormido menos tú, menos tu pena.

Por qué de noche pesa distinto

De día tienes cosas que hacer con las manos y con la cara. Hay una lista de la compra, hay alguien que llama, hay una taza que fregar, hay una sonrisa que preparar para la vecina. El duelo de día se reparte entre mil tareas pequeñas que, sin que te des cuenta, te sostienen un poco. De noche no hay nada de eso. No hay gente, no hay obligaciones, no hay a quién sonreírle. Solo tú, la cama medio vacía y el techo. Y en ese silencio tan limpio, sin nada que lo tape, la pena por fin encuentra sitio para salir entera, sin que nadie la interrumpa.

Por eso te despiertas a esa hora exacta. No es capricho del cuerpo. Es que las tres de la madrugada son, quizá, el único momento del día en que nadie te pregunta cómo llevas. Y precisamente por eso, ahí sale todo lo que durante el día ibas guardando.

Esto no es lo mismo que un problema para dormir

Quiero decirte algo con calma, sin alarmarte: despertarte a esa hora, noche tras noche, con el pecho apretado y la mente dándole vueltas a lo mismo, no es un fallo tuyo ni una rareza. Es duelo buscando espacio para respirar. Y si de día no le has dado ese espacio, la noche te lo va a cobrar.

Dicho esto, y sin que esto te asuste, sí conviene que te preguntes con honestidad cómo estás durmiendo en general, cuánto tiempo llevas así y si esas noches vienen acompañadas de otras cosas que te preocupan de verdad. El duelo tiene su propio ritmo, y a veces, sin que sea culpa de nadie, se cruza con algo que necesita además una mano profesional. No es fracaso de fe ni señal de que lo estás haciendo mal: es, sencillamente, parte del cuidado. De eso hablamos con más calma un poco más adelante en el camino de estos treinta días, cuando toca mirar de frente los días en que el valle se hace pozo.

Por ahora, quédate solo con esto: unas noches difíciles no significan que algo vaya mal contigo. Significan que estás de duelo, y el duelo no entiende de horarios.

Un primer paso para esta noche

En vez de darle la vuelta a la almohada y pelear contra el reloj, intenta esto: deja un cuaderno pequeño en la mesilla, al alcance de la mano, sin necesidad de levantarte ni de encender del todo la luz. Cuando te despiertes a esa hora, no te exijas dormirte otra vez. Solo escribe lo que tengas dentro, aunque sean tres palabras, aunque sea una queja, aunque sea solo su nombre.

No tienes que resolver la pena a las tres de la madrugada. Solo acompañarte en ella.

No hace falta que sea bonito ni que tenga sentido para nadie más que para ti. A veces será una frase a medias. A veces será solo un signo de interrogación, de esos que se quedan flotando sin respuesta. Da igual. Escribir a mano, aunque sea poco, es una forma de decirle a esa hora: te he oído, no te voy a ignorar, pero tampoco voy a dejar que me arrastres sola.

  • Deja el cuaderno y un bolígrafo junto a la cama, no en otra habitación
  • Si te despiertas, escribe antes de intentar volver a dormir
  • No corrijas lo que sale, no lo juzgues, no lo tires

Con el tiempo, algunas noches el cuaderno se quedará cerrado, y otras lo llenarás de cosas que ni sabías que llevabas dentro. Las dos cosas están bien.

Lo que esto no mide

No hay una noche en la que se supone que dejarás de despertarte a las tres. No hay una fecha en el calendario donde el cuerpo tenga que aprender a dormir de un tirón otra vez. Habrá noches enteras, y luego, de repente, una noche mala, y no significa que hayas retrocedido.

Solo significa que le sigues queriendo a esa hora, igual que a todas las demás. No tienes que resolver nada esta noche. Solo tener el cuaderno cerca, y a ti misma un poco de paciencia.

Esto es acompañamiento, no terapia, y no sustituye la ayuda de un profesional. Si tú o alguien estáis en peligro, pedid ayuda: en EE. UU., 988 (crisis) y, ante una emergencia, 911. Si hay maltrato, National Domestic Violence Hotline 1-800-799-7233. Y si el malestar se ha vuelto constante, habla con un psicólogo.

Empieza hoy. Un día cada vez.

Para la mujer creyente que ha perdido a quien era media casa, y a la que le repiten "ya está en un lugar mejor" cuando lo que necesita es que alguien se quede.

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