Mente

Cómo dejar de darle vueltas a la cabeza antes de dormir

Te lo digo antes de nada, porque a mí me hubiera ahorrado meses de frustración que alguien me lo dijera así de claro: no se trata de poner la mente en blanco. Si esta noche te metes en la cama con el objetivo de "no pensar en nada", vas a perder. No porque tengas poca fuerza de voluntad, sino porque nadie puede apagar la cabeza a la fuerza, y menos a esas horas. Cuanto más empujas un pensamiento para que se vaya, más fuerte vuelve. Lo habrás notado ya.

Así que vamos a dejar esa meta a un lado. La meta no es el silencio. Es otra cosa, más pequeña y más alcanzable: que ese pensamiento deje de dar vueltas dentro de tu cabeza como en una lavadora, y encuentre un sitio fuera de ti donde quedarse quieto un rato.

Paso 1: el cuaderno en la mesilla

Antes de que te duermas, deja un cuaderno pequeño y un boli en la mesilla. No un cuaderno bonito que da respeto estrenar, uno cualquiera. Si te despiertas dándole vueltas a algo, o si notas que antes de dormir ya está ahí la preocupación calentando motores, coge el cuaderno y escribe. No hace falta que sea una frase completa ni bien construida. A veces yo solo he escrito dos palabras torpes, casi ilegibles porque lo hago sin luz o con la luz mínima: "factura luz", "cosas madre", "el email". Nada más.

La idea no es resolver nada ahí, y esto es importante: no te pongas a hacer una lista de tareas ni a planificar la solución en ese momento. Solo saca el pensamiento de dentro de la cabeza y ponlo en el papel. Es como cuando alguien te da algo pesado que llevas cargando: no hace falta que decidas qué hacer con ello ahora mismo, solo que dejes de sostenerlo tú solo un rato.

Paso 2: la cita con la preocupación

Esto se hace de día, no de noche, y por eso lo cuento aparte. Elige un momento concreto, por ejemplo a las siete de la tarde, diez minutos, en la mesa de la cocina o donde sea. Ese es tu rato oficial para pensar en lo que te preocupa. Cuando de noche aparezca algo y ya lo hayas anotado en el cuaderno, puedes decirte: "esto tiene cita mañana a las siete, ahora no le toca".

Sé que suena raro escrito así, casi ingenuo. Pero funciona por un motivo sencillo: le quitas a la noche el monopolio de tus preocupaciones. Ahora mismo probablemente sientes que si no lo piensas de madrugada, no lo vas a pensar nunca, como si la noche fuera tu única oportunidad de ocuparte de las cosas. No lo es. Tiene una cita de día, con la cabeza despejada, que decide mejor que la tuya de las tres de la madrugada.

Paso 3: la pregunta que corta

Para el momento mismo, cuando estás ya despierto y el pensamiento empieza a dar vueltas, hay una pregunta que a mí me ha servido más que ninguna otra herramienta: ¿esto lo puedo tocar ahora mismo? No la pienses solo, escríbela también si hace falta. La respuesta casi siempre es no. No puedes llamar a nadie a las tres de la madrugada, no puedes arreglar la factura, no puedes cambiar lo que dijiste ayer. Y esa respuesta, por dura que parezca, es un alivio: si no lo puedo tocar ahora, no tiene sentido que siga cargándolo ahora.

No es una fórmula mágica que corta el pensamiento de raíz la primera vez que la usas. Algunas noches la dices y el pensamiento vuelve a los cinco minutos. Se la repites, otra vez, con la misma paciencia con la que le repites algo a un niño que no quiere entender que ya es hora de dormir. No te enfades contigo si hace falta repetirla varias veces. Eso también es parte de que funcione.

Paso 4: las noches en que nada de esto funciona

Y ahora la parte que casi nadie cuenta, y que yo quiero contarte porque no os voy a engañar: hay noches en que escribes en el cuaderno, te dices la pregunta, y aun así sigues despierto dando vueltas. Me pasa a mí también. No duermo del tirón siempre, ni mucho menos, y sería mentirte decir que este cuaderno arregla todas las noches.

Una noche que no funciona no borra las que sí. No es un fracaso del método, ni tuyo. Es solo una noche mala, dentro de una vida que tiene muchas más.

Cuando pase eso, no te exijas insistir con más fuerza en las mismas herramientas hasta reventar. A veces lo único que toca es quedarte tumbado, aceptar que esta noche no se va a resolver a base de trucos, y descansar en la certeza pequeña de que mañana lo vuelves a intentar. Eso también cuenta como avance, aunque no lo parezca a las cuatro de la madrugada.

Y si lo que te despierta de noche empieza a acompañarse de miedo muy intenso, de pensamientos que dan vueltas hacia lugares oscuros o de una tristeza que no afloja durante semanas, esto que cuento aquí no es suficiente ni pretende serlo: ahí toca hablar con un profesional, sin esperar a tocar fondo para hacerlo.

Para las demás noches, las de vuelta habitual con la cabeza dándole vueltas a lo de siempre, quédate con esto: un paso cada vez, un cuaderno a mano, y la paciencia de repetirlo aunque alguna noche no funcione. No hace falta apagar la mente. Solo dejar de creerte todo lo que dice a esa hora.

Esto es acompañamiento, no terapia, y no sustituye la ayuda de un profesional. Si tú o alguien estáis en peligro, pedid ayuda: en EE. UU., 988 (crisis) y, ante una emergencia, 911. Si hay maltrato, National Domestic Violence Hotline 1-800-799-7233. Y si el malestar se ha vuelto constante, habla con un psicólogo.

Empieza hoy. Un día cada vez.

A las tres de la madrugada tu cabeza miente. Y no tienes por qué creerte todo lo que te dice.

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