Bienestar

Ya ni recuerdo qué me gustaba antes de cuidarlo

Alguien te pregunta qué te gusta hacer para desconectar y se te queda la cabeza en blanco. No es que no encuentres la palabra. Es que de verdad no lo sabes. Repasas los días de la semana buscando algo que sea solo tuyo y lo único que aparece son horarios de pastillas, la lista de la compra con lo que a él le sienta bien, la próxima cita del médico. Ahí no hay nada con tu nombre.

Y da un poco de vértigo, ¿verdad? Porque tú antes tenías cosas. Una serie que seguías, una amiga con la que quedabas los jueves, una tontería cualquiera que te hacía ilusión al final del día. Ahora intentas tirar de ese hilo y no hay nada al otro lado. O sí lo hay, pero está tan cubierto de polvo que ni te acuerdas de la última vez que lo tocaste.

Cómo pasa esto sin que te des cuenta

Nadie decide un día dejar de ser quien era. Pasa despacio, y pasa disfrazado de sentido común. Al principio es una temporada: "total, son unas semanas mientras se recupera". Luego esa temporada se convierte en un mes, y ese mes en un año, y de repente llevas tanto tiempo organizando tu vida alrededor de la suya que ya no recuerdas cuándo dejaste de organizarla alrededor de la tuya.

Cada vez que aparcaste algo tuyo lo hiciste porque tocaba, porque era lo urgente, porque no había otra. Una decisión pequeña detrás de otra, ninguna de ellas dramática por separado. El problema es que esas decisiones pequeñas no se revierten solas. No hay un día en que "se acabe la temporada" y todo vuelva a su sitio. Si no lo recuperas tú, activamente, se queda perdido.

Por qué no es egoísmo querer recordarte

Aquí suele aparecer una vocecita que dice que pensar en ti, con todo lo que hay encima, es una frivolidad. Que cómo te vas a poner a pensar en tus aficiones cuando hay tanto que sostener. Esa vocecita se equivoca, aunque suene muy convincente.

No se trata de dejar de cuidar para dedicarte a lo tuyo, como si fueran dos platos de una balanza. Se trata de que quede alguien dentro de ti cuando todo esto pase, sea como sea que pase. Una persona que cuida sin ningún hilo propio no está siendo más buena cuidadora por ello. Solo se está vaciando un poco más cada día, y eso, a la larga, también lo nota quien cuidas.

Recordar quién eras no es un lujo aparte del cuidado. Es la manera de asegurarte de que sigues estando ahí cuando esto termine, sea el desenlace que sea.

El paso de hoy

No hace falta retomar nada todavía, ni buscar tiempo para hacerlo, que ya sé que no lo tienes de sobra. Solo esto: coge un papel y escribe a mano tres cosas que te gustaban antes de que empezara todo esto. Da igual que hoy no puedas hacer ninguna. Da igual que la primera que te venga a la cabeza sea una tontería, como pintarte las uñas de un color raro o leer el periódico entero un domingo por la mañana.

  • Escríbelas a mano, no en el móvil: cuesta un poco más y por eso se queda
  • No las juzgues mientras las escribes, ni pienses si son "suficientes"
  • Guarda el papel donde lo vuelvas a ver, aunque sea sin querer

El objetivo de hoy no es hacer ninguna de esas tres cosas. Es solo nombrarlas. Recordar que existieron, que eran tuyas, y que en algún momento significaron algo para ti. Ese acto de nombrarlas ya es un paso, aunque no parezca gran cosa desde fuera.

No se trata de dejar de cuidar, sino de que quede alguien dentro de ti cuando esto termine.

No tienes que resolver hoy quién eres además de cuidadora. Solo tienes que dejar una miga de pan en el camino de vuelta, para poder encontrar el rastro cuando llegue el momento de seguirlo. Con eso basta por ahora.

Esto es acompañamiento, no terapia, y no sustituye la ayuda de un profesional. Si tú o alguien estáis en peligro, pedid ayuda: en EE. UU., 988 (crisis) y, ante una emergencia, 911. Si hay maltrato, National Domestic Violence Hotline 1-800-799-7233. Y si el malestar se ha vuelto constante, habla con un psicólogo.

Empieza hoy. Un día cada vez.

Cuidar bien también es cuidarte a ti.

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