Adicción

¿Es normal sentir que ya no sé quién soy yo, de tanto cuidar a otro?

Estás en el supermercado, delante de la estantería de siempre, y se te queda la mano en el aire. No sabes qué coger. No es que no haya nada, es que de pronto no recuerdas qué te gusta a ti. Sabes perfectamente lo que le gusta a él, su marca, su punto de sal, su manía con las etiquetas. De lo tuyo, en cambio, hay un hueco.

Vuelves a casa y te miras un segundo al espejo del ascensor, y te preguntas, casi en broma para no asustarte del todo: ¿quién soy yo ahora mismo? La pregunta se queda ahí, incómoda, y la respuesta directa es que sí, es normal sentir esto, y no significa que te esté fallando la cabeza ni que tengas un problema de carácter.

Sí, es normal, y tiene una explicación sencilla

Cuando llevas mucho tiempo con toda tu atención puesta en otra persona, sobre todo si esa persona atraviesa algo tan absorbente como una adicción, tu brújula interna se va desviando poco a poco hacia él. No de golpe. No un día decides dejar de ser tú. Ocurre gramo a gramo, decisión a decisión, sin que nadie te avise de que está pasando.

No es un defecto tuyo. Es lo que le pasa a cualquier persona que dedica su energía, su tiempo y su atención casi entera a vigilar, sostener y anticipar lo que le ocurre a otro. La atención es un recurso limitado, y si la mayor parte se va hacia fuera, hacia él, queda muy poca para mirar hacia dentro, hacia ti.

Cómo se diluye la identidad sin que una se dé cuenta

Empieza con cosas pequeñas. Compras las galletas que le gustan a él en vez de las que te gustan a ti, porque es más fácil, porque hay una discusión menos, porque total, ya te da igual. Cambias de planes porque él está mal ese día. Dejas de llamar a esa amiga porque no tienes cabeza, ni ganas, ni energía para nada que no sea la situación en casa.

Cada una de esas renuncias, por separado, parece minúscula. No merece la pena discutir por unas galletas. No pasa nada por saltarte una cena. Pero un día, sin previo aviso, te das cuenta de que llevas meses o años sin hacer una sola cosa solo porque a ti te apetecía, y que se te ha olvidado, literalmente, qué es lo que te gusta.

  • Compras lo que le gusta a él y ya no recuerdas tus gustos propios
  • Cancelas planes tuyos por si acaso pasa algo
  • Sabes sus horarios de memoria y has dejado de mirar los tuyos

No es que hayas dejado de existir. Es que llevas mucho tiempo viviendo apuntada a la vida de otro, con la tuya en pausa, esperando un momento mejor que nunca termina de llegar.

Notarlo ya es el primer paso de vuelta

Aquí viene la parte que quiero que te quede clara: darte cuenta de esto, aunque duela, no es la prueba de que ya es tarde. Es exactamente lo contrario. Es el primer momento en muchísimo tiempo en que has vuelto a mirar hacia dentro en lugar de hacia él. Eso ya es un movimiento, aunque no lo parezca.

No has desaparecido. Estabas ahí, esperando a que alguien, aunque fueras tú misma, te preguntara qué te gusta.

No hace falta que today mismo recuperes toda tu identidad de golpe, ni que sepas de nuevo quién eres con una claridad total. Eso sería pedirte demasiado, y además no funciona así. Vuelve poco a poco, del mismo modo lento en que se fue.

Un gesto pequeño para hoy

El paso de hoy no tiene que ser grande. Al contrario, cuanto más pequeño y concreto, mejor. Se trata de elegir una sola cosa, hoy, solo porque a ti te apetece, sin justificarla, sin que tenga que servir para nada ni para nadie más.

Puede ser comprar esas galletas que llevabas años sin comprar. Poner una canción que era tuya antes de todo esto. Sentarte cinco minutos con una taza de algo caliente sin hacer nada más, sin estar pendiente del móvil ni de la puerta. Un solo gesto, diminuto, elegido solo porque sí.

Si notas que detrás de esta sensación de haberte perdido hay también agotamiento extremo, tristeza que no se mueve, o miedo por tu seguridad o la de alguien más, no lo sostengas tú sola: pedir ayuda profesional en ese punto no es rendirse, es cuidarte como mereces.

Volver a ti no depende de que él cambie, ni de que la situación en casa mejore. Depende de que, poco a poco, vuelvas a hacerte esa pregunta tan sencilla y tan olvidada: ¿y a mí, qué me gusta? Hoy solo necesitas una respuesta pequeña. Mañana habrá otra.

Esto es acompañamiento, no terapia. Si tú o alguien corréis peligro, pedid ayuda: en EE. UU., 988 (crisis), SAMHSA 1-800-662-4357 (familias y adicción), Al-Anon/Nar-Anon, y ante una emergencia, 911.

Empieza hoy. Un día cada vez.

Para quien lleva años volcada en salvar a un ser querido con una adicción que no se deja ayudar, y por el camino se ha perdido a sí misma.

Llévate la guía gratis de 1 página

Déjame tu email y te la envío ahora mismo. «Las 3 C y mi pacto»

Te enviaré la guía y, de vez en cuando, algo que pueda ayudarte. Sin spam; date de baja cuando quieras.