Adicción

¿Es normal sentir alivio cuando mi hijo no está en casa?

Sí. Es normal, y no te hace mala madre. Lo primero que quiero decirte es eso, sin rodeos, porque sé que llevas tiempo dándole vueltas a esta pregunta a solas, casi con vergüenza de hacértela siquiera.

Ha pasado algo parecido a esto: se ha ido unos días, o esta noche no ha vuelto a dormir a casa, y en algún momento, mientras friegas los platos o te metes en la cama, notas que respiras distinto. Los hombros bajan un poco. Y justo detrás de ese alivio llega el mazazo: ¿cómo puedo sentir esto por mi propio hijo?

El alivio no es falta de amor, es un cuerpo que lleva años en alerta

Piensa en lo que le pides a tu sistema nervioso cada día que él está en casa mientras consume o bebe. Le pides que esté pendiente de ruidos, de horas, de su cara al entrar por la puerta, de si contesta bien o mal a una pregunta tonta. Le pides que sostenga, en silencio y sin descanso, la posibilidad de que hoy sea el día malo. Eso no es una preocupación puntual, es un estado de alerta sostenido durante meses o años.

Cuando él no está, ese estado de alerta baja, aunque sea un rato. Y tu cuerpo, que lleva tanto tiempo pidiendo tregua, la agarra en cuanto puede. Eso es lo que sientes cuando notas el alivio: no es que desees que se aleje de tu vida, es que tu sistema nervioso por fin puede bajar la guardia un par de horas. Es una respuesta lógica, casi mecánica, no un juicio sobre cuánto lo quieres.

Alivio y miedo pueden convivir sin contradecirse

Puede que ahora mismo sientas las dos cosas a la vez y eso te confunda más todavía: alivio porque no está, y miedo por dónde estará, con quién, si habrá comido, si volverá. No son sentimientos que se anulen entre sí. Puedes respirar tranquila un rato y, en el mismo rato, tener el móvil cerca por si llama. Los sentimientos de una madre en tu situación no vienen ordenados ni limpios, vienen mezclados, y está bien que sea así. No hace falta elegir cuál de los dos es el verdadero, los dos lo son.

El alivio momentáneo no es lo mismo que desear que se aleje para siempre

Aquí quiero pararme, porque a veces el miedo a lo primero te lleva a confundirlo con lo segundo. Sentir alivio esta noche, porque hoy no toca vigilar ni escuchar la llave en la puerta, no es lo mismo que desear no volver a verlo. Son cosas distintas aunque nazcan del mismo cansancio. Ese cansancio, ese querer un rato de paz, es humano y no te delata como mala madre: te delata como una madre agotada, que es otra cosa completamente distinta.

Sentir alivio no borra el amor que sostiene todo lo demás

El amor que le tienes no se mide por si esta noche has respirado más tranquila o no. Se mide por todo lo que sigues sosteniendo, día tras día, aunque estés agotada: la puerta que dejas abierta, la llamada que contestas, el sitio en la mesa que sigue siendo el suyo. Permítete el alivio cuando llegue, sin pagarlo después con culpa. No te está quitando nada al amor que le tienes, solo te está devolviendo, un rato, un poco de aire.

Esto es acompañamiento, no terapia. Si tú o alguien corréis peligro, pedid ayuda: en EE. UU., 988 (crisis), SAMHSA 1-800-662-4357 (familias y adicción), Al-Anon/Nar-Anon, y ante una emergencia, 911.

Empieza hoy. Un día cada vez.

Para el padre o la madre que lleva años rescatando a un hijo adulto y ya no sabe cómo dejar de hacerlo sin abandonarlo.

Llévate la guía gratis de 1 página

Déjame tu email y te la envío ahora mismo. «Las 3 C y mi pacto»

Te enviaré la guía y, de vez en cuando, algo que pueda ayudarte. Sin spam; date de baja cuando quieras.