Adicción

Cómo dejar de contar sus copas sin volverte loca en el intento

Uno. Dos. Ya va por la tercera. Sigues la conversación, asientes, incluso sonríes en el momento justo, pero por dentro hay una parte de ti que no ha dejado de contar desde que él se sirvió la primera copa. No lo decidiste. No te sentaste un día a pensar «voy a llevar la cuenta de lo que bebe»: simplemente, en algún momento, empezaste, y ya no has parado.

Si esto te suena, quiero decirte algo antes de nada: no es una manía tuya, ni una obsesión rara, ni una señal de que estás perdiendo la cabeza. Es un hábito, y como todo hábito, se puede mirar de cerca y, poco a poco, aflojar.

Primero, solo date cuenta de cuándo empiezas

Antes de intentar cambiar nada, hace falta ver el momento exacto en que arranca el conteo. Puede que sea cuando sirve la segunda copa. Puede que sea antes, en cuanto oyes el tapón de la botella. Fíjate, sin más, sin juzgarte por ello. No estás haciendo nada malo por contar: es lo que tu cabeza aprendió a hacer para sentir que tenía algún control sobre una noche que, en realidad, no controlas.

Este primer paso no cambia nada todavía, y está bien que así sea. Solo se trata de nombrar el momento para ti misma, como quien pone una etiqueta: «ahí, ahora, estoy contando». Nada más.

Segundo, mueve el cuerpo antes de mover la cuenta

Una vez que reconoces el momento, prueba a sustituir el conteo por una acción física, tuya, pequeña. Levántate a por agua. Cambia de silla. Sírvete tú algo, aunque sea un vaso de zumo, y hazlo con calma, como un gesto para ti y no como una respuesta a lo que hace él.

La idea no es distraerte para «no pensar en ello», como si fuera un truco de magia. Es romper el piloto automático con algo concreto que tu cuerpo pueda hacer, para que la cabeza tenga un segundo de respiro antes de volver, si vuelve, a la cuenta.

Tercero, una frase corta en vez de un argumento largo

Cuando llevas tiempo vigilando, la cabeza tiende a montar discursos enteros: por qué debería parar, cuántas lleva, qué pasará si sigue, qué le vas a decir luego. Todo eso ocupa mucho espacio y no cambia nada de lo que va a pasar esa noche.

Esto no me toca calcularlo a mí.

Prueba con una frase así, corta, tuya, que puedas repetirte en silencio cuando notes que estás otra vez sumando copas. No hace falta que la creas del todo la primera vez que la digas. Solo hace falta que esté ahí, lista, en vez de la argumentación larga que te deja agotada y no te lleva a ningún sitio.

Cuarto, los días de recaída en el conteo cuentan igual

Habrá noches en que, pase lo que pase, vuelvas a contar sin darte ni cuenta. Puede que sea una noche especialmente tensa, o simplemente un día cansado en el que el hábito viejo gana la partida. No pasa nada. No es que hayas fracasado ni que tengas que empezar de cero, como si esto fuera un examen que se aprueba o se suspende.

Soltar un hábito de tantos años no es un interruptor que se apaga de golpe: es más bien ir aflojando un nudo, un poco cada vez, y algunos días el nudo se vuelve a tensar solo. Lo que importa no es que no vuelva a pasar nunca, sino que sigas notando cuándo pasa, sin castigarte por ello.

Lo que no te toca a ti

Contar copas es, casi siempre, una forma de intentar predecir la noche para protegerte de ella. Pero la cuenta no cambia el resultado: él va a beber lo que vaya a beber, cuentes o no cuentes, y tú te quedas con el desgaste de haber estado calculando en vez de estar, simplemente, en tu propia vida esa noche.

Si alguna vez lo que ves te preocupa por una razón de seguridad real, no de vigilancia sino de peligro concreto para ti o para alguien de casa, eso no se resuelve contando copas ni con frases internas: ahí conviene pedir ayuda profesional o acudir a urgencias sin esperar a que la situación se calme sola.

Pero para las noches normales, las de siempre, prueba estos cuatro pasos uno a uno, sin prisa. Y si quieres, esa misma noche, coge un cuaderno y escribe a mano qué momento fue el que más te costó soltar. No para analizarlo todo, solo para sacarlo de la cabeza y dejarlo en el papel, que es un sitio mucho más tranquilo que tu mente a las once de la noche contando copas que no son tuyas.

Esto es acompañamiento, no terapia. Si tú o alguien corréis peligro, pedid ayuda: en EE. UU., 988 (crisis), SAMHSA 1-800-662-4357 (familias y adicción), Al-Anon/Nar-Anon, y ante una emergencia, 911.

Empieza hoy. Un día cada vez.

Para quien lleva años leyéndole la cara al llegar a casa, pisando huevos, y viviendo la resaca de alguien que ni siquiera es suya.

Llévate la guía gratis de 1 página

Déjame tu email y te la envío ahora mismo. «Las 3 C y mi pacto»

Te enviaré la guía y, de vez en cuando, algo que pueda ayudarte. Sin spam; date de baja cuando quieras.